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Carnaval Tlaxcala - ExpoVenta Artesanal

Carnaval - Preámbulo

Tlaxcala, nacida del mestizaje, de la simbiosis cultural prehispánica y occidental que vertebraron este territorio, cuyo pasado prodigioso constituye hoy el espíritu que funde y unifica a su gente; portadora de una herencia cultural ancestral, preservada, recreada y nutrida constantemente. El carnaval tlaxcalteca, es una manifestación de esta herencia, constituida ya como tradición que ha persistido como un elemento fundamental de la identidad de su sociedad, expresado en la indumentaria, los bailes y las artesanías; en este espectáculo que se realiza anualmente, se perciben reminiscencias del pasado tanto en su forma objetiva, como en el sentido místico, cuyo imaginario lo hace diferente a otros carnavales que se efectúan en Venecia, Rio de Janeiro, o Veracruz.

El origen del carnaval se ha situado –con imprecisión- hacia el año mil antes de Cristo, en las fiestas paganas efectuadas en la antigua Roma y Grecia, tales como las “Dionisias”, las “Bacanales”, “Saturnales” y “Lupercales”; no obstante, el momento de consolidación del carnaval se da en la Edad Media, período en el que se expande a toda Europa, y surge la palabra carnelevarium proveniente del latín medieval que se traduce como “quitar la carne”, lo cual precisamente alude a la prohibición del consumo de la carne que la Iglesia Católica estableció para el periodo que antecede a la Pascua. El tiempo del carnaval se define a partir de 1582 cuando el papa Gregorio XIII reformó el calendario a la epacta que consiste en el número de días de un año solar común de 365 días; a partir ésta se hizo el cálculo de la fecha de Pascua de resurrección, que es el sábado siguiente a la primera luna llena, después del equinoccio de primavera. Entonces la iglesia romana, contó 40 días hacia atrás para establecer el tiempo de la cuaresma y los precedió de tres jornadas entre las que se contempló al carnaval; desde entonces esta fiesta se celebra en los tres días anteriores al miércoles de ceniza, día en que oficialmente da principio la cuaresma en el calendario cristiano.De esta manera, el carnaval se convirtió en la antítesis de la cuaresma y su antesala, ambas actividades se dan razón de ser ya que no podría existir la una sin la otra. Con el carnaval, se anuncia la muerte del pecado y se da la bienvenida a una nueva vida de luz, representada por la muerte y resurrección de Jesucristo, por eso esta festividad

“se ha distinguido principalmente por ser la expresión de necesidades de desahogo social, de la ruptura del orden establecido, del tiempo en que se permiten grandes libertades como la inversión del sexo en el vestuario, injurias, publicación de hechos escandalosos, sátiras públicas de personajes famosos; es el tiempo de gula en contraposición con el ayuno y la tristeza del Miercoles de Ceniza; es la oposición entre el espíritu y la carne"

La celebración del carnaval en Tlaxcala se remonta a la época colonial y aunque no se puede precisar la fecha en que se comenzó a realizar, sí se tienen referencias que demuestran que desde el siglo XVII los indígenas eran partícipes en fiestas donde hacían mofa de las autoridades del lugar. El carnaval, nació en un contexto, en el que los indígenas luchaban por conservar un estatus frente a los españoles que paulatinamente habían trocado el orden establecido en todos los ámbitos de la vida social, de allí que en esta actividad hayan encontrado el escaparate adecuado para afirmar su presencia, destacar sus diferencias, y al mismo tiempo, expresar su descontento.

A través de las máscaras los indígenas se apropiaban de la personalidad del “otro” que era el español; con ellas los indígenas no sólo combatían a ese otro a través de la burla, sino también lo dominaban y adquirían el poder de ser lo que no eran, y que quizá nunca podrían ser; es decir, gracias a la máscara el indígena acortaba la distancia que lo separaba de aquello que le era tan distante, pero que estaba presente en todo momento.

Debido a los excesos que se realizaban durante esos días, fueron muchas las ocasiones en que se prohibió esta actividad, y no es sino hasta el siglo XX cuando el carnaval se realiza de manera consecutiva, de allí que hoy sea una de las fiestas de más arraigo en la entidad, cuyo mayor atractivo se encuentra en la indumentaria. En este entendido, el presente trabajo tiene como objeto, destacar la labor de los artesanos que confeccionan los trajes de carnaval de quienes participan como danzantes, ya que ellos son uno de los eslabones más importantes dentro de la cadena de esta festividad. Como espectadores uno de los aspectos que más llaman nuestra atención son precisamente los trajes por sus formas, colorido, los accesorios y las imágenes allí plasmadas que con orgullo portan los denominados “huehues”; no obstante, ignoramos que detrás de esa vestimenta tan llamativa, está el alma creadora de personas que dedican gran parte de su vida a la elaboración de los mismos y cuyo espíritu artístico permite que el carnaval de Tlaxcala sea tan vistoso, por eso sirvan estas líneas para reconocer su trabajo.

Cabe aclarar que se hará referencia únicamente a la indumentaria masculina, ya que estos son los que conservan más el carácter tradicional, en contraposición de la vestimenta femenina que se elabora de acuerdo a las modas de cada momento.

Artesanas de trajes de carnaval

El carnaval, en tanto manifestación cultural de cierta sociedad que preserva sus tradiciones y las recrea, manifiesta como elementos fundamentales no sólo su historia sino también el mundo vigente del pueblo; es pues una actividad dinámica que constantemente se renueva y se nutre del presente, perceptible en la sátira, la música, y la indumentaria. El carnaval es sin duda, un acontecimiento complejo ya que éste implica “relaciones sociales de importancia puesto que, para su realización, se hace necesaria la colaboración y el trabajo en común de innumerables personas…” ya sea por gusto o por trabajo. En estas relaciones están los artesanos de trajes de carnaval como son las señora Victoria Badillo Cabrera y Bertha Sánchez García, ambas originarias de la comunidad de El Rosario Ocotoxco, municipio de San Dionisio Yauhquemecan, quienes, durante todo el año se dedican a la confección de trajes de carnaval.

La señora victoria lleva 40 años elaborando trajes y gracias a la buena ejecución y a la hermosura de su trabajo, en el año 2000 se hizo acreedora al Primer Lugar en el Concurso Nacional “Gran Premio de Arte Popular”, organizado por el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías, en la categoría de Textil varios. Cuenta que el gusto inició a partir de que su esposo participaba como danzante en la comunidad; entonces los trajes eran muy sencillos, lisos y en su mayoría con tela de satín. Ella decidió hacer algunas modificaciones al traje de su esposo con el afán de que fuera el más bonito; así, optó por la tela de terciopelo y agregó la técnica de costura que se conoce como trenzado, al que también se le hacen aplicaciones con arrocillo dorado. Señala que durante este tiempo de trabajo ha buscado que los trajes que confecciona tengan un matiz de colores que los hagan ver floridos, lucientes y vistosos, y esto lo ha logrado gracias al bordado con materiales como lentejuela, chaquira, canutillo y arrocillo; con ellos da forma a múltiples figuras que aluden sobre todo a personajes, pasajes y motivos de la época prehispánica, o que están relacionados con el paisaje natural de la entidad.

Aunque ella comenzó sin saber mucho de costura ni bordado, la experiencia le ha permitido convertirse en una de las artesanas de trajes de carnaval más conocidas en la región y en mucho, esto se debe a la pasión que imprime a su trabajo, y al gusto que profesa por los bailes de carnaval, y es que cabe destacar que ella realiza prácticamente todo el proceso de elaboración, siendo poca la ayuda que recibe de sus familiares o personas externas.

Por otra parte, doña Berta, se dedica a los trabajos de confección desde más joven, pero específicamente hace una década se ha especializado en la elaboración de trajes de carnaval. Con menos años de experiencia, ella reconoce el trabajo de doña Victoria como la pionera en los trajes que hoy se pueden observar; no obstante, desde el comienzo de su trabajo, buscó imprimir un sello propio que la distinguiera de doña Victoria. Ese sello lo encontró en la elaboración de trajes con colores más vivos como el verde limón, fucsia, naranja, rosa, amarillo, lila, entre otros.

La señora Berta refiere que debido a lo complejo de la confección de los trajes, constantemente busca diferentes técnicas a fin de agilizar el proceso, en este sentido, ella ya no hace el bordado directo sobre la tela, sino sobre piezas de pellón. Además, con 10 integrantes de su familia, ha implementado un taller familiar en el que se trabaja bajo el proceso de especialización, de manera que cada integrante tiene una tarea específica de acuerdo a sus aptitudes y habilidades; así, unos cortan, otros marcan, otros más dibujan, otros bordan y unos más cosen. Lo anterior ha permitido que pueda elaborar cinco trajes al año, cuyo costo oscila entre los 18 y los 25 mil pesos, gracias a lo cual ha podido ayudar a su esposo al sostenimiento familiar.

Es de subrayar que en ambos casos, las artesanas tienen exceso de trabajo y en muchas ocasiones se ven obligadas a dejar pasar a los clientes ya que su capacidad de producción es limitada, y es que no sólo confeccionan para venta, sino también para familiares cercanos como esposo, hijos, y nietos, los que por supuesto tienen preferencia.

Traje

Ahora bien, exactamente ¿cuál es el traje que ellas elaboran?. Se trata de una vestimenta de ascendencia española que emula un traje de la realeza. Consta de un chaquetín y un pantalón corto en tela de terciopelo multicolor; en estos destacan bordados en chaquira con dibujos constituidos como emblemas de la cultura de México y Tlaxcala como son: el escudo nacional y estatal, glifos, la representación de dioses como Quetzalcoatl y Huitzilopochtli, guerreros, escenas de leyendas como la de las montañas Popocatepetl e Iztaccihuatl, entre otros; estos son enmarcados por flores y cenefas que remiten a la iconografía prehispánica, bordados con arrocillo, perla, lentejuela y canutillo. Precisamente el trabajo de bordado es la parte más laboriosa y dilatada dentro del proceso de elaboración de la vestimenta.

Bonete

El traje se completa por un bonete realizado con una estructura de metal o plástico, forrado con materiales de vinil de colores vistosos, o también adornado con dibujos bordados en chaquira; el bonete es rematado con plumas de diferentes aves como faisán, guacamaya, guajolote y gallo, que lo hacen ver majestuoso.

Careta o Máscara

Un elemento por demás destacado dentro de la indumentaria del huehue es la máscara, para cuya realización también existen artesanos especializados, como es el caso de don Víctor Hugo Pérez Castillo, del municipio de Amaxac de Guerrero. Un hombre conocedor de la esencia que mueve la festividad del carnaval, partícipe como danzante y apasionado de su trabajo.

Cuando el realiza una máscara, imprime su ser, su idiosincrasia y el amor por el arte. Reconoce que cada una de ellas aunque parecieran ser iguales, posee algo distintivo de forma y de fondo, resultado de las características de la persona que la va a portar, como del momento mismo en que son ejecutadas. Don Víctor señala que “careta” es una palabra que define mejor este accesorio, ya que su función es darle otro rostro al danzante, para personificar a alguien que no es, alguien que se distingue por ser más alegre, dinámico, espontáneo y a veces hasta refinado en su modo de andar cuando se trata de imitar a la gente acaudalada de la época colonial o porfiriana, como es el caso de los danzantes de Amaxac.

Su trabajo le ha permitido tener acercamiento con un sinnúmero de danzantes que llegan hasta su casa con el objetivo de que les confeccione una careta, eso ha propiciado no sólo pláticas prolongadas referentes al tema del carnaval; sino también, ha llevado hasta sus manos máscaras con mucha antigüedad de las cuales ha observado las técnicas de elaboración antigua. Refiere que antiguamente los encargados de hacer estos objetos eran los artífices de imágenes religiosas que hacían máscaras con rasgos similares a los querubines y aplicaban las mismas técnicas de elaboración tales como el estofado.

Don Víctor manifiesta que en la actualidad, las máscaras también se han adecuado a nuevas técnicas de elaboración, según los nuevos materiales que han surgido. Por ejemplo, se utiliza más la madera de cedro-otras maderas de menor uso son el ayacahuite, colorín y nogal- por la facilidad para moldearla, el estofado se ha sustituido por el empastado y el encarnado con lacas, ha desplazado al que se hacía con oleo.

Groso modo, el proceso de elaboración de una máscara consiste de los siguientes pasos:

· Toma de medidas del rostro del cliente.

· Corte y pegado de la madera en blocks

· Desbastado de la madera con el objetivo de moldear el block.

· Afinación de detalles exteriores.

· Vaciado y afinado interior de la madera.

· Lijado.

· Entelado, que consiste en forrar la máscara con tela para reforzarla.

· Colocación del sistema de ojos movibles.

· Colocación de los ojos.

· Empastado de cuatro capas exterior e interior.

· Pulido.

· Sellado.

· Encarnado con cuatro capas de pinturas de laca u oleo.

· Maquillado.

· Colocación de pestañas e

· Instalación de dientes de oro.

Como se puede ver es un proceso largo que precisa un tiempo de elaboración de alrededor de 30 días; de manera similar al de las artesanas de trajes, don Víctor tiene un alto índice en la demanda de su piezas gracias a la perfección y empeño con el que ejecuta su trabajo, y es que sostiene que el carnaval “con crisis o sin crisis” siempre se lleva a cabo, y cada vez son más el número de personas que se integran como danzantes, lo que también ha fomentado el incremento de las camadas de huehues.

Consideraciones Finales

La indumentaria del danzante de carnaval esta intrínsecamente vinculada a la región donde se baile; así por ejemplo, en la parte sur, este y oeste del estado, donde proliferaron las haciendas desde la época colonial, son comunes los trajes al estilo de la ropa que utilizaba la clase pudiente de ascendencia española tales como charros, caporales y al estilo de la realeza –como es el caso de Yauhquemecan-, al igual que las máscaras cuya fisonomía presenta características como la tez blanca, mejillas rosadas, ojos y cabellos claros, pestañas rizadas y el clásico diente de oro.

En la zona centro sin embrago, la indumentaria está más relacionada con la emulación de la elite porfirista que llegó a esta zona hacia finales del siglo XIX junto con las fábricas textiles; lugares donde se veían caminar a hombres afrancesados muy elegantes, vestidos de traje negro, con grandes sombrillas que los cubrían del sol, aunque, evidentemente, la fisonomía continuaba siendo muy similar a los españoles de antaño, de allí que las máscaras no tengan una variante muy notoria.

Si bien a través de la indumentaria se puede observar la influencia occidental que remite a los orígenes del carnaval, también es claramente perceptible la influencia prehispánica manifestada sobre todo en los dibujos plasmados en trajes y capas; esto evidencia el orgullo que los danzantes sienten por su historia, donde han encontrado un punto de cohesión que los hace asumirse como tlaxcaltecas y como mexicanos, por eso precisamente el carnaval en su conjunto es una festividad que ha trascendido fronteras, ya que muchas personas que se han establecido en Estados Unidos de Norteamérica, han llevado consigo esta tradición, como una forma de identificarse y a la vez de diferenciarse del resto de la sociedad en la que conviven múltiples culturas.

Como se ha señalado líneas atrás, la indumentaria también ha cambiado con el tiempo y por eso también es manifestación del presente, de allí que hoy existan camadas de payasos, de travestis, de disfraces de animales como monos y osos, entre otros. Vistan como vistan, el común denominador ha sido y es, personificar y dejar salir a los otros que viven dentro de quien se convierte en huhue, seres con alegría desbordante, que bailan y ríen sin tapujos ni descanso, gracias a los cuales el carnaval aun permanece, ya que su gusto y su pasión hace que “con autoridades o sin ellas, con crisis o sin crisis, con turistas o sin turistas continúen deleitando a un sin fin de espectadores.

Vamos pues al carnaval y seamos partícipes de esta tradición muy tlaxcalteca.